La Alianza del Pacífico y su impacto en América Latina

Infolatam 07/11/2016

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El encuentro “Integración Iberoamericana y la Alianza del Pacífico” produjo importantes aportes sobre el desarrollo de esta última, su situación actual y las perspectivas de futuro. En el foro, organizado por la Fundación Iberoamericana Empresarial, el COMCE(Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior) y el BBVA Bancomer en la Ciudad de México, intervinieron altas autoridades mexicanas y un buen número de expertos. Si bien se trataron cuestiones muy diversas, me centraré en la reacción de los diversos gobiernos latinoamericanos al surgimiento de la Alianza y la forma en que cambió la percepción regional en los últimos cinco años.

Los cambios producidos están relacionados no sólo con el nuevo ciclo económico y la coyuntura política existente en la actualidad, sino también con los logros acumulados por la Alianza en los cortos pero intensos años vividos desde su fundación. Como se puso de manifiesto en la reunión de una forma casi unánime, la historia reciente de la Alianza es la historia de un éxito, apoyado en la consolidación de un proyecto que en sus momentos iniciales cosechó el rechazo de todos los gobiernos del ALBA y de buena parte de los del Mercosur.

Los presidentes de Ecuador y Bolivia, Rafael Correa y Evo Morales, insistieron en el enfoque neoliberal de la Alianza frente a la defensa de los intereses populares encarnados en el proyecto bolivariano. Esta postura, respaldada por Hugo Chávez, llegó a presentar a la Alianza como un caballo de Troya de la OTAN para invadir América Latina. Por su parte, las presidentes Dilma Rousseff y Cristina Fernández manifestaron su descontento con el nuevo proyecto. Tanto el asesor en cuestiones internacionales de Rousseff, Marco Aurelio García, como el ministro de Exteriores, Antonio Patriota, señalaron que la Alianza era sólo una operación de marketing y carecía de la “profundidad” que sí tenía Mercosur.

Había un profundo contraste entre el significado de las instancias surgidas en el marco de la llamada “integración post neoliberal” y la Alianza del Pacífico. Entre los distintos motivos del rechazo se pueden señalar cuatro, comenzando por el hecho de que la Alianza volvió a poner el acento en el papel del comercio y la economía en la integración regional, en desmedro de la concertación política, convertida en el eje de la integración bolivariana de la década anterior. De hecho ALBA, Unasur y CELAC estuvieron dominadas por la concertación política. Segundo, la Alianza se inclinaba claramente por el mundo globalizado frente a la cerrazón autárquica y proteccionista de ALBA y Mercosur. Los cuatro países de la Alianza (Chile, Colombia, México y Perú) tienen tratados de libre comercio con Estados Unidos y la Unión Europea y casi una cincuentena con los países más diversos del mundo.

En tercer lugar, y sin proponérselo de forma explícita, la Alianza dio respuesta a una pregunta central de la integración regional. Se trata de una cuestión que por lo general no suele formularse: ¿qué se quiere integrar, América del Sur o América Latina? Por la vía de los hechos, a partir de la presencia mexicana y de tres países sudamericanos, la apuesta por América Latina era clara en desmedro del proyecto sudamericano, defendido tradicionalmente por Brasil. Finalmente, la Alianza ha reconocido el papel determinante que la iniciativa privada, las empresas y los empresarios juegan en los procesos de integración junto a los gobiernos. Esta postura contrastaba con el hegemonismo estatal y el fuerte intervencionismo presente en el ALBA y Mercosur.

Tres de los cuatro países de la Alianza (Chile, Perú y México) han pasado por la prueba de la alternancia, a diferencia de los gobiernos “largos” del ALBA y Mercosur. Esto demuestra la primacía de los intereses nacionales frente a los intereses políticos e ideológicos en el proyecto de integración impulsada por la Alianza. En el caso de Chile, y tras algunas dudas iniciales frente a una iniciativa impulsada con entusiasmo por Sebastián Piñera, la reelecta Michelle Bachelet, decidió buscar la convergencia, que no la unificación, con Mercosur, una responsabilidad asumida por el ministro de Exteriores Heraldo Muñoz.

La pregunta repetida en ese entonces fue si la convergencia era posible y deseable, dado el gran tamaño de las economías de Argentina y Brasil. Estos países, en caso de incorporarse a la Alianza podían desestabilizar buena parte de los equilibrios que habían caracterizado sus éxitos iniciales. Esta discusión entronca con la ampliación del número de miembros del grupo y el elevado número de países observadores, 49, buena prueba del entusiasmo internacional que suscitó la Alianza. En este momento la postura del bloque es crecer de forma pausada y prudente, para fortalecer el proceso y no debilitarlo, manteniendo la homogeneidad actual. Tras el incomprensible freno de Costa Rica a un ingreso a punto de materializarse, Panamá, Guatemala y Honduras están esperando su oportunidad.

Los cambios recientes en Argentina y Brasil facilitarán las cosas en el frente político, aunque la convergencia en ciertas cuestiones económicas y comerciales será mucho más lenta y complicada. De todos modos, los cambios ocurridos en América Latina han disminuido el rechazo inicial por una mayor adhesión. Por ejemplo, los cuatro países fundacionales de Mercosur hoy son observadores en la Alianza.

Cuando Alianza del Pacífico vio la luz el ciclo económico era otro. Todavía soplaban los vientos de cola de los altos precios de la materias primas. Hoy estamos en un momento diferente, con menores recursos generados por las exportaciones. Pese a todo, la Alianza sigue su marcha pragmática, alejada de la retórica inherente a otros experimentos, preocupada más en solucionar los problemas que encuentra a su paso que en crear otros nuevos. Como señaló en la clausura del Encuentro la subsecretaria de Exteriores de México, Socorro Flores, la Alianza del Pacífico es el único proceso de integración de América Latina que hoy está dando resultados concretos.

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